últimamente la vida y los amigos me han regalado frases que suenan y resuenan en mi cabeza; frases reveladoras, que me han hecho entender muchas cosas. el probema es que el entendimiento no implica la aceptación, ni mucho menos el final del dolor, pero sí ayudan a sentirse menos culpable...
Jorge Bucay dice: que un pez y un pájaro pueden enamorarse, pero ¿ en dónde harían su nido? esta frase, en especial, me fue muy reveladora y me hizo entender muchas cosas. el amor, sobre todo cuando venimos de historias familiares dolorosas, cuando el niño que cada quien lleva dentro, nos lleva a creer que es la solución y la cura de nuestros problemas existenciales y de nuestras heridas. esa fantasía nos lleva a aferrarnos al amor que nos da la pareja, aunque esta sea un pez y nosotros seamos un pájaro. pero el amor no es sólo decir te amo cada cinco minutos, o caminar de la mano por las calles, o festejar cumpleaños y catorces de febrero. esa etapa es hermosa, nos hace sentir especiales, amados, suficientes y deseados. pero al final eso es superficial; las relaciones necesitan avanzar a estadios más maduros y comprometidos, a veces los peces y los pájaros, neesitados de todo esto, cometen el error de querer hacer nido y uno de los dos, indiscutiblemente, perderá mucho en el intento. si el nido se intenta hacer en la pecera, el pájaro sentirá ahogarse y no sólo porque le falte oxígeno, sino porque la vida en pecera es totalmente distinta a la vida del aire, entonces se sentirá frustrado y la frustración es uno de los sentimientos más difíciles de esconder, así que el pez, al darse cuenta, seguro hará miles de cosas para acabar con la frustración del pájaro. el problema es que por más que el pez o intente, jamás podrá darle al pájaro lo que necesita y entonces también experimentará la misma frustración del otro.
cuando el nido se pretende construír en el nido dem pájaro, el pez sentirá ahogarse y sucederá exactamente lo mismo que ya describí.
pensé entonces que una solución sería que el pájaro construyera su nido cerca de la pecera del pez, tan juntitos, que prácticamente vivirían juntos, pero, serían entonces una pareja? para mi la pareja es quien te impulsa a crecer, pero al mismo tiempo se busca el crecimiento conjunto. creces tú, crezco yo, pero también y necesariamente, tenemos que crecer nosotros. y cuando el nido no se comparte, simplemente no existe un "nosotros". para que una pareja exista, necesita existir un proyecto de pareja, un proyecto sólido, con objetivos, con metas, con ganas, con voluntad de contruir algo satisfactorio para ambos. en ese intento habrá discusiones, frustración, enojos, pero es ahí en donde entra el ingrediente que a menudo se olvida: el amor. si yo te amo no te anulo, ni te escondo, si yo te amo, haré muchas cosas por tí, aunque éstas no sean las que más me satisfacen, si yo te amo, no te lastimo, ni te falto al respeto, aunque seas pez y yo sea pájaro.
el problema es que cuando uno entabla una relación pez-pájaro, quien se adapta al otro, es decir, quien hace el nido en el territorio del otro, se despersonaliza y al final ya no sabe si es pez, si es pájaro o si es pez pájaro. eso es quizá lo más difícil de terminar relaciones como estas: que siempre hay uno que ya no sabe quién es y se queda con la sensación de estar roto y armarse, cuando se pierde la identidad es muy difícil, sobre todo cuando se presentan aderezos tan comunes como la culpa y la frustración. yo ya no sé si soy pájaro o pez....
Arce me dijo que los animales cuando están heridos o lastimados, se van a un rincón a lamerse las heridas y no lo dejan de hacer, ni se levantan, hasta que se sienten fortalecidos. ahora me siento así. hay días que me gustaría encerrarme a llorar, a acariciar mi cuerpo, a lamerme las heridas hasta que cicatricen. si pudiera cerraría mi casa, apagaría las luces en la noche y apagaría siempre mi teléfono hasta que esto pase y no sólo porque necesito curarme y reconstruirme, sino porque los demás no tienen la culpa de mi gesto adusto, de mi amargura, de mi enojo con la vida, de mi falta de ganas de reír. además de que, como lo dice la analogía, aunque necesito de mis amigos y de la gente que me conoce aunque sea de paso, para que me digan en qué fallé, se que la única capaz de curarse las heridas soy yo. lo más sencillo sería haber aceptado las flores e invitaciones a iniciar una relación con el famoso arqui, pero no, sería injusto para él y fantasioso para mi. creo, a pie juntillas, que uno no puede iniciar algo cuando aún no le ha dado carpetazo a lo anterior. por lo menos yo no tengo esa capacidad y mis valores y mis convicciones me lo impiden. no me gusta usar a la gente como salvavidas. el inicio de las relaciones tienen una magia muy especial. estamos heridos, preguntándonos en qué fallamos, con la autoestima por los suelos y de pronto llega alguien, que en el fragor de la novedad, nos hace sentir todo lo contrario y nos sostiene y nos hace olvidar, pero y nosotros? cuándo carambas aprenderemos a sostenernos por nosotros mismos? ese es un aprendizaje al que le apuesto mucho, aunque implique nunca más volver a tener una pareja. el día que no necesite de que alguien me lo diga para sentirme bella, valiosa y capaz de sostenerme emocionalmente, ese día comenzaré a pensar en iniciar una relación de pareja.
y la otra, que también leí en Jorge Bucay: ámame cuando menos lo merezco, porque es cuando más lo necesito. y es que insisto, lo más bello de las relaciones, es el inicio, cuando todo es descubrimiento, cuando, en el afán de conquistar al otro, le mostramos la mejor parte de nuestra personalidad, cuando incluso hasta controlamo nuestro cuerpo para no pedorrearnos frente al otro, cuando dejamos pasar las cosas que nos molestan auque tengamos que contar hasta 20mil. pero no todo el tiempo es así, y habrá momentos en que podemos ser los más nefastos del mundo, los menos agradables y el otro no entiende y se enoja y se frustra. pero jamás nos detenemos a pensar que algo muy fuerte debe estar pasando en la cabeza y/o en el corazón del otro y lejos de acercarnos y ofrecer un abrazo y tres palabras de aliento, nos encabronamos y nos quejamos y a veces, hasta rompemos con a relación...
entender esto me ha ayudado mucho a aligerar mis culpas; yo no sé que soy, si pez o pájaro, pero sí se que no éramos de la misma especie e intentamos hacer nido en un medio diferente al mío y eso me asfixió a mi y lo frustró a él.
ahora sé que soy un animal herido que tiene que aprender a lamerse con cariño las heridas, si no no se van a curar; ahora entendo que mis culpas me han llevado a autocastigarme de la peor manera, mermando mi salud y sosteniendo la certeza de que me voy a morir muy pronto.
también entendí que hubo muchos momentos en que no merecía que me amaran, porque estaba muy lastimada como para ser querible, pero cuando hay amor y cuando este es incondicional, el otro tira la cuerda o da la mano de forma amorosa para que quien está caído pueda salir. ello implica paciencia, mucha paciencia, pero también mucho amor. y en ese sentido, entendí que, por ejemplo, hace mucho tiempo que dejé de merecer el cariño y la amistad de lenin, pero ahí estuvo cuando más lo necesité.
cada día aprendemos cosas nuevas, pero últimamente he aprendido tanto a golpe de mazo y lo único que me pesa es no haberlo aprendido antes, quizá la historia sería distinta, porque lo que jamás entenderé, así escuche miles de frases, es cómo alguien que dijo amar tanto ha sido capaz de lastimar y herir de tal forma y la pregunta del millón es: deveras fui tan mala como para que me odie tanto y actúe de la forma en que lo hace? seguramente sí.
perdón por eso.